Cuando la vida golpea dos veces
Entendiendo el "Por qué" del sufrimiento a través de la Reencarnación
¿Sentís que el Cielo te ignora?
Hay momentos en la vida en los que sentís que te patearon el tablero. Hacés todo bien, sos buena gente, laburás honestamente, tratás bien a los demás... y de repente, ¡pum! La vida te mete un golpe que te deja sin aire.
Y lo peor no es el golpe en sí. Lo peor es el silencio que viene después. Mirás para arriba y preguntás: "¿Por qué? ¿Qué hice yo para merecer esto? ¿Dónde está la justicia?".
Si alguna vez sentiste que tus oraciones rebotaban contra el techo, o que Dios se olvidó de tu dirección, este artículo es para vos. No te voy a dar frases armadas de tarjeta de felicitación. Vamos a meternos en el barro de la teología mística judía, en el concepto de Gilgul Neshamot (Reencarnación), para entender el "detrás de escena" de tu existencia.
Porque te aseguro algo: Lo que ves con tus ojos es menos del 1% de la realidad.
El mapa secreto: ¿Qué es el "Mundo Venidero"?
Antes de entrar en la historia que te va a volar la cabeza, necesitamos setear las bases. En nuestra cultura occidental, moderna y ansiosa, medimos el éxito por lo que pasa ahora. Si me va bien hoy, Dios es bueno. Si me va mal hoy, el universo es cruel.
Pero el judaísmo, y específicamente las enseñanzas de Breslov y la Cabalá, nos dicen: "Bajá un cambio. Esta vida es solo un pasillo".
El Olam Haba (Mundo Venidero) no es un lugar con nubecitas y arpas aburridas. Es la dimensión de la Verdad, donde el alma experimenta la cercanía total con la Fuente. Esta vida que transitamos ahora, con sus facturas de luz, sus dolores de espalda y sus crisis existenciales, es un taller de trabajo. Un lugar de Tikkun (Corrección).
A veces, un alma baja a este mundo no para "pasaral bien", sino para ajustar una tuerca específica que quedó floja en una vida anterior. Y hasta que no entendamos eso, vamos a seguir peleándonos con la realidad.

La historia que conmocionó a una ciudad entera
El Rab Shalom Arush, en sus libros sobre la fe (Emuná), trae un relato verídico que es un cachetazo al ego y un bálsamo para el alma. Preparate un mate, sentate cómodo, porque necesito que prestes atención a cada detalle.
La pareja perfecta y la primera tragedia
Imagináte una ciudad donde todos se conocen. En esa comunidad vivía una pareja que era el "gold standard" de la bondad. Ella, hija de una familia importante, recatada, siempre ayudando a los pobres. Él, un comerciante joven, exitoso, pero de esos que no se la creen: honesto hasta la médula, generoso, un pilar de la comunidad.
Tenían todo: amor, dinero bien habido, hijos sanos. Eran la prueba viviente de que "al que hace el bien, le va bien".
Pero la vida, o mejor dicho, el plan divino, tiene giros inesperados.
Un día, la tragedia golpeó la puerta de esta casa de bondad. Y no fue algo leve. Un borracho desconocido, en un acto de violencia sin sentido, asesinó al hijo de tres años de la pareja.
Pará un segundo. Sentí el impacto.
Un nene de tres años. Inocente. Hijo de la gente más buena del pueblo.
La ciudad entera quedó en shock. Los rabinos, los vecinos, todos se miraban y pensaban lo que nadie se animaba a decir en voz alta: "¿Esta es la recompensa de Dios? ¿Para esto rezan tanto? ¿Cómo permitió el Creador algo tan horrible?".
La duda, como un veneno, empezó a filtrarse en la fe de muchos habitantes. Pero los padres, con un dolor que no te puedo explicar, agacharon la cabeza y aceptaron el decreto. Siguieron adelante con una fe de hierro.
El segundo golpe y el "Silencio" de Dios
Si pensás que ahí termina, esperá. No pasó mucho tiempo cuando un rumor terrible corrió por las calles: El comerciante, ese hombre joven y justo, padre ahora doliente, cayó gravemente enfermo.
Los médicos fueron claros: no había esperanza. Le dieron una semana de vida.
La comunidad reaccionó. Se organizaron cadenas de oración masivas. Se leyeron Salmos (Tehilim) día y noche. La gente lloraba en las sinagogas pidiendo un milagro. "¡No se lo lleves, Dios! ¡Es un hombre bueno! ¡Ya sufrió demasiado!".
Todos esperaban el final de película de Hollywood: el milagro de último minuto, la recuperación asombrosa.
Pero no hubo final feliz, al menos no en esta Tierra.
El joven comerciante falleció.
La viuda quedó devastada. Sola. Sin su hijo pequeño, sin su marido, sin su compañero de vida. La desilusión en la ciudad fue total. La gente estaba enojada con el Cielo. "¿Para qué sirvieron tantos rezos? ¿De qué sirve ser bueno?". Parecía que el Cielo estaba vacío.

El punto de quiebre: El límite del dolor
Pasaron dos años. Dos años de luto, de oscuridad, de una viuda que no podía levantar cabeza.
Un día, su hijo mayor (que ya estaba casado) fue a verla y la encontró, como siempre, llorando. Y ahí, el hijo, con esa sabiduría que a veces tienen los que nos aman bien, la sacudió.
Le dijo: "Mamá, basta. Ya pasaron dos años. El que se queda pegado al dolor termina poseído por él. ¿Somos creyentes o no? Papá, que en paz descanse, seguro quiere que vivas. Te están presentando gente buena para rehacer tu vida y vos seguís acá, encerrada. Tenés que fortalecerte. Tenés que elegir la alegría".
Esas palabras fueron como un balde de agua fría. La viuda respiró hondo y tomó una decisión heroica: Dejar de pelear con la realidad.
Decidió, en contra de sus sentimientos, actuar con alegría. Empezó a sonreír (aunque al principio fuera forzado). Y ¿sabés qué? La acción trajo la emoción. Ese fin de semana, sus hijos vieron a su mamá volver a la vida.
Esa noche, por primera vez en dos años, se fue a dormir sin angustia, sin reclamos, con el corazón liviano. Recuperó su Fe.
La revelación: El secreto de la Reencarnación
Y porque recuperó la fe, se abrió el canal para recibir la respuesta. Esa misma noche tuvo un sueño.
Se vio en un jardín impresionante, con aromas que no existen en este mundo. Era el Paraíso. Un anciano noble la guio hasta un salón gigante donde miles de almas justas escuchaban una clase de Torá. ¿Y quién era el maestro que daba la clase?
Su marido.
Pero no se veía como el comerciante enfermo. Estaba radiante, lleno de luz, enseñando secretos profundos.
Cuando terminó la clase, él se acercó a ella. La viuda, emocionada, le tiró todas las preguntas que tenía atragantadas:
"¿Por qué me dejaste sola? ¿Cómo es que sos un maestro acá si eras comerciante allá? ¿Por qué?".
Y acá viene la explicación que tenés que tatuarte en el alma:
El marido le sonrió y le dijo:
"Escuchame bien, querida. En mi vida anterior, yo fui un grandísimo erudito, un sabio enorme. Estudié todo lo que había para estudiar. Pero... nunca me casé. Nunca tuve hijos. Cuando mi alma subió acá arriba, me dijeron: 'Todo muy lindo, sos un genio, pero te falta el primer mandamiento de la Torá: Fructificad y multiplicaos'. No podía quedarme en mi nivel espiritual sin esa experiencia. Así que acepté bajar de nuevo. Mi única misión, mi único objetivo en esa encarnación, era casarme con vos, tener hijos y criarlos en el buen camino. Una vez que nacieron nuestros hijos y los encaminamos, mi misión terminó. Ya no tenía nada que hacer en el mundo de abajo. Por eso me enfermé y morí. Fue el momento exacto en que completé mi corrección".
¿Y las oraciones "desperdiciadas"?
La viuda, todavía con dudas, le preguntó: "Pero... ¿y los rezos? ¡Toda la ciudad rezó por vos! ¡El sabio decretó que vivirías! ¿No sirvió de nada?".
La respuesta del marido es clave para entender cómo funciona la "economía espiritual":
"Ninguna oración se pierde. Todas fueron aceptadas. Parte de esas oraciones me dieron la fuerza para subir a este nivel tan alto donde estoy ahora, enseñando a los justos. Y la otra parte de las oraciones se usó para salvar a la comunidad de decretos terribles que venían sobre la ciudad y que ustedes ni se enteraron. Pero quedarme vivo... eso no podía ser. Porque mi rol ya estaba cumplido. Vos, en cambio, tenés que vivir. Todavía te queda trabajo. Tenés que volver a casarte, tener más hijos y cuidar a los huérfanos. Tu corrección no terminó".
La viuda despertó. El dolor había desaparecido. Entendió que lo que parecía una tragedia griega era, en realidad, una operación quirúrgica divina perfecta. Se volvió a casar, rehizo su vida y vivió con alegría, sabiendo la verdad.

Psicología del alma: Aplicando esto a tu lío diario
Esta historia es fuerte. Pero quiero que la bajemos a tu realidad, a tu lunes por la mañana cuando no tenés ganas de ir a trabajar o cuando te peleás con tu pareja.
La falacia de la "Vida Única"
Si pensás que solo tenés esta vida, todo es injusto. ¿Por qué él es rico y yo no? ¿Por qué ella se sanó y mi pariente no?
Pero si entendés el Gilgul, entendés que cada uno está en un curso diferente. No podés comparar tu vida con la del vecino porque él está cursando "Matemáticas 1" y vos estás en "Literatura Avanzada". Son misiones distintas. El marido de la historia vino a tener hijos, no a ser viejo. Cumplió y se fue. ¡Fue un éxito, no un fracaso!
El mito de la oración no escuchada
Esto es vital para tu salud mental.
A veces pedimos: "Dios, dame ese trabajo". Y no sale. Y pensamos: "Dios no me escuchó".
La historia nos enseña que Dios siempre escucha, pero gestiona los recursos mejor que nosotros.
Quizás esa oración por el trabajo que no salió se guardó en una "cuenta de ahorro espiritual" para salvarte de un accidente el mes que viene, o para ayudar a tus hijos dentro de 20 años. Nada se pierde. NADA.
El poder de soltar (Bitajón)
La viuda solo pudo recibir la respuesta cuando soltó la queja. Mientras estaba en modo "víctima", su canal espiritual estaba bloqueado por el dolor y el resentimiento.
Cuando decidió alegrarse a pesar de todo, cuando aplicó la "Emuná" (fe), se le abrió el cielo.
La alegría no es el resultado de que todo salga bien; es la herramienta para que entiendas por qué pasan las cosas.
Plan de acción para Sanar tu perspectiva
No quiero que esto quede en una lectura linda. Vamos a la práctica. ¿Cómo aplicás la sabiduría de las correcciones del alma hoy?
Paso 1: Cambiá el "Por qué" por el "Para qué"
La próxima vez que algo te salga mal, prohibite preguntar "¿Por qué a mí?". Eso te lleva a la depresión.
Preguntá: "Creador, ¿para qué me mandás esto? ¿Qué cualidad querés que desarrolle? ¿Paciencia? ¿Humildad? ¿Coraje?".
Asumí que es una lección personalizada para tu alma.
Paso 2: La "Caja de Ahorro" de las Plegarias
Si venís rezando por algo y no se da, no dejes de rezar. Pero cambiá la intención.
Decile a Dios: "Papá, yo quiero esto. Pero si no es bueno para mi misión en esta vida, no me lo des. Y que toda la energía de estas oraciones vaya a donde más la necesite: a mis hijos, a mi salud, o a mi cuenta en el Mundo Venidero".
Esto te da una paz mental increíble. Sabés que tu esfuerzo no se tira a la basura.
Paso 3: Identificá tu Misión Actual
El marido de la historia tenía una misión clara: tener hijos. Vos también tenés "materias pendientes".
Generalmente, tu misión está escondida en lo que más te cuesta.
- ¿Te cuesta dar dinero? Tu corrección es la generosidad (Tzedaká).
- ¿Te cuesta callarte la boca y no criticar? Tu corrección es el cuidado del habla.
- ¿Te cuesta tener esperanza? Tu corrección es la alegría.Agarrá un solo punto y trabajalo. No intentes arreglar todo junto.
Conclusión: Sos Eterno, Acordate.
La muerte asusta porque parece un final. Pero la mística judía nos grita que es solo una mudanza.
Tu vida no es una serie de eventos aleatorios y crueles. Es un diseño de alta ingeniería espiritual. Las personas que se van "antes de tiempo" (según nuestro reloj), a veces simplemente terminaron su turno antes. Se sacaron un 10 en el examen y se fueron al recreo.
Y vos, que seguís acá, leyendo esto, es porque todavía tenés cosas grandes para hacer. Tu alma todavía tiene luz para revelar. No te caigas. No te rindas. Porque incluso en la oscuridad más profunda, hay un plan de bondad esperándote.
El Rebe Najmán de Breslov decía: "No existe la desesperación en absoluto". Y ahora sabés por qué. Porque incluso la muerte es un paso hacia la vida.