Cuando todo sale mal

Una guía espiritual para transformar la derrota en tu mayor victoria

Cuando todo sale  mal

Muchas veces habrás sentido que, por más que remes y remes, el bote no se mueve. O peor aún, sentís que se te estás hundiendo.

Está claro que a nadie le gusta fracasar. En nuestra cultura moderna, obsesionada con el éxito instantáneo, el fracaso se siente como una enfermedad contagiosa. Si tu emprendimiento se estancó, si esa relación en la que pusiste el corazón se rompió, o si simplemente sentís que no estás donde deberías estar a tu edad, es normal que te invada una sensación de vacío.

Sentís un nudo en el estómago, una voz interna que te dice "no servís para esto" o "¿por qué a mí?". Es agotador, ¿no?

Pero, ¿y si te dijera que estás leyendo mal el mapa? ¿Y si te dijera que ese "fracaso" no es un error del sistema, sino una funcionalidad necesaria para tu próxima actualización de software espiritual?

Acá es donde entra la sabiduría milenaria de la Torá y, específicamente, una frase demoledora del Rab Shalom Arush que vamos a desmenuzar juntos hoy:

“¿Fracasaste? Hashem quiere que aprendas Emuná a partir del fracaso.”

Lo que vas a leer a continuación no es motivación barata; es una estrategia de vida basada en secretos que tienen miles de años y que hoy, más que nunca, la psicología moderna está empezando a validar.


El engaño de la perfección y la trampa del Ego

Para entender por qué nos duele tanto fallar, primero tenemos que entender quién es el que sufre. ¿Es tu alma? No. Tu alma sabe que es eterna y que está conectada con la Fuente Infinita. El que sufre, es tu Ego.

En la mística judía, a menudo hablamos de las Klipot (cáscaras) que ocultan la luz. El Ego es una cáscara dura que nos hace creer que nosotros controlamos el resultado. Pensás: "Yo hice el plan de negocios, yo estudié, yo fui buena persona... yo merezco el resultado X".

Y cuando el resultado es Y (o Z, o nada), el Ego entra en pánico. Se rompe.

Pero acá está el secreto que enseña el Breslov: "Que se rompa el Ego es lo mejor que te puede pasar".

La caída necesaria (Yeridá l'Tzorech Aliyá)

Hay un concepto fundamental en el Jasidismo llamado Yeridá l'Tzorech Aliyá, que significa "descenso en aras del ascenso".

Imaginá que querés saltar bien alto. ¿Qué hacés primero? ¿Te quedás parado rígido? No. Flexionás las rodillas, bajás el cuerpo, te agachás. Cuanto más te agachás (descenso), más impulso tomás para el salto (ascenso).

En la vida espiritual y material pasa lo mismo. El Creador, esa Inteligencia Infinita que orquesta el universo, a veces te "agacha". Te pone en una situación de aparente fracaso. ¿Por qué? No es para castigarte. No es porque "te portaste mal". Es porque necesitás acumular potencia para el próximo nivel de consciencia.

El Rab Arush nos dice que el fracaso es el aula donde se cursa la materia más difícil y necesaria: la Emuná.

¿Qué es realmente la Emuná? (Spoiler: No es solo "fe")

Mucha gente confunde Emuná con fe ciega o con religión. Creen que es sentarse a esperar que caiga maná del cielo. Nada más lejos de la realidad.

La Emuná es, en términos modernos, una confianza radical y activa. Es la certeza absoluta de que no existen los accidentes. Es entender que si se cerró una puerta, no fue porque el viento sopló fuerte, sino porque Alguien puso la mano para que no entres ahí, porque ahí no estaba tu bendición.

Cuando el Rab Arush dice: "Hashem quiere que aprendas Emuná a partir del fracaso", nos está invitando a cambiar la narrativa.

El fracaso como herramienta de calibración

Pensalo así: Estás manejando usando el GPS. De repente, te equivocás de calle. ¿El GPS te insulta? ¿Te dice "sos un inútil, bajate del auto"? No. Dice: "Recalculando".

El fracaso es el "Recalculando" de Dios.

Si todo te saliera bien siempre, caerías en la arrogancia. Creerías que sos el dueño del mundo. Y la arrogancia, según el Zohar, expulsa a la Presencia Divina. No hay lugar para dos reyes en el trono. Si vos te creés rey, Dios se retira y te deja solo con tus limitaciones.

Cuando fallás, cuando te das la cabeza contra la pared, te volvés humilde. Te abrís. Decís: "Che, no tengo todas las respuestas. Necesito ayuda". Y en ese hueco que abre la humildad, ahí es donde entra la Luz Infinita.

Cita del Rebe Najmán de Breslov: "No existe la desesperación en absoluto. Incluso en la caída más profunda, Dios está ahí, sosteniéndote."

Diferencia entre Tristeza y Corazón Roto

Acá es donde la mayoría se confunde y cae en la depresión. El Rebe Najmán hace una distinción clínica quirúrgica entre dos estados emocionales que parecen iguales pero son opuestos: la Tristeza (Atzvut) y el Corazón Roto (Lev Nishbar).

  1. Tristeza (Atzvut): Es pesada, fría, te paraliza. Viene del Ego herido. Te lleva a la queja, al enojo y a la inacción. "Soy una víctima, nada tiene sentido". Esto es tóxico y hay que evitarlo a toda costa.
  2. Corazón Roto (Lev Nishbar): Es cálido, dinámico. Es el dolor sincero de querer ser mejor y no haber podido. Es como el llanto de un hijo que quiere volver a los brazos de su padre. Después de un momento de corazón roto, viene la alegría y el alivio.

El Rab Arush nos enseña que el fracaso debe llevarnos al Corazón Roto (humildad, re-conexión), pero jamás a la Tristeza. Si el fracaso te deprime, es el Ego hablando. Si el fracaso te hace buscar nuevas respuestas y conectarte con lo espiritual, es el Alma creciendo.

La Psicología del "Todo es para Bien"

En el Talmud, hay una figura llamada Rabí Akiva, famoso por decir siempre "Gam Zu L'Tová" (Esto también es para bien).

La Terapia Cognitivo-Conductual (CBT) moderna trabaja mucho sobre el "reencuadre" (reframing). No es lo que te pasa lo que te afecta, sino lo que te decís sobre lo que te pasa.

Si te decís: "Perdí mi trabajo porque soy incompetente", generás ansiedad y depresión. Si aplicás la Emuná y te decís: "Perdí este trabajo porque mi misión en ese lugar terminó y el Creador está liberando mi tiempo para algo mejor que aún no veo", generás esperanza y apertura.

El hecho es el mismo (no tenés trabajo). La realidad interna es diametralmente opuesta. Una te destruye, la otra te construye. La Emuná es la herramienta definitiva de salud mental porque te quita el peso insoportable de creer que tenés que controlar el universo.


3 Pasos Prácticos para aplicar esto HOY (Bajar la mística a la tierra)

Todo esto suena muy lindo en teoría, pero ¿cómo lo aplicás un martes a la mañana cuando tenés que pagar el alquiler y la plata no alcanza? Vamos a los bifes.

1. La regla de la "Pausa Sagrada"

Cuando recibas la mala noticia (el "No", el rechazo, el error), tu cerebro reptiliano va a querer reaccionar: gritar, llorar, insultar o angustiarse. Tu misión: No reacciones por 5 minutos. Respirá. Y decí verbalmente (aunque no lo sientas todavía): "Esto viene del Creador. No entiendo por qué, pero confío en que hay un bien oculto acá". Al verbalizarlo, cortás el circuito de pánico neuronal. Estás hackeando tu cerebro para no entrar en modo "lucha o huida".

2. Hitbodedut de "Quejas y Agradecimiento"

El Rebe Najmán prescribió la Hitbodedut (meditación hablada y espontánea) como la cura principal. Tomate 15 minutos, andá a una plaza, a tu cuarto, o encerrate en el auto. Y hablá con el Creador como si fuera tu mejor amigo, tu "socio".

  • Primero: Descargate. "Mirá, me siento horrible. Me duele el ego. Me siento un fracasado. No entiendo qué querés de mí". (Sacar el dolor es clave).
  • Segundo: El giro. "Pero sé que vos sos bueno. Si me mandaste este fracaso, es porque querés enseñarme algo. Ayudame a ver qué es. Dame Emuná para pasar esta tormenta".

Hacé esto todos los días. Vas a ver cómo la angustia se transforma en claridad mental. Es terapéutico y espiritual a la vez.

3. Buscá el "Punto Bueno" en el desastre

El concepto de Azamra (cantaré) del Rebe Najmán nos dice que debemos buscar un punto bueno incluso en nosotros mismos cuando estamos abajo. Ok, el negocio falló. ¿Qué hiciste bien? "Bueno, aprendí a hacer una web", o "Conocí a tal persona", o "Fui valiente al intentarlo". Agarrate de ese punto bueno con uñas y dientes. Ese es tu salvavidas. Magnificalo. Agradecé por ese pequeño punto. La gratitud es el imán de la abundancia; la queja es el imán de la carencia.

Recordá: "La gratitud por el pasado abre las puertas para el futuro." — Rab Shalom Arush.

Conclusión: Tu historia no terminó

Quiero que te lleves esto grabado a fuego: Un capítulo malo no significa que el libro se terminó.

Si estás leyendo esto, es porque estás vivo. Y si estás vivo, es porque tu alma todavía tiene trabajo que hacer acá. El Creador no desperdicia recursos. Si te mantiene acá, es porque cree en vos, incluso más de lo que vos creés en vos mismo.

El fracaso es, simplemente, el momento en que la vida te pide que sueltes el volante y dejes que el Experto conduzca un rato. Es una invitación a la intimidad con lo Divino. Es el momento donde dejás de ser un "hacedor" ansioso para convertirte en un "creyente" poderoso.

Así que, la próxima vez que sientas el golpe del fracaso, sonreí (aunque te cueste) y pensá: "Ah, mirá vos... me están preparando para algo grande. A ver qué aprendo de esto".

Esa actitud, querido amigo, es la verdadera alquimia. Eso es transformar el plomo en oro.

IMPORTANTE: Los conceptos vertidos en Semillas de Sabiduría provienen de textos tradicionales y análisis espirituales. No constituyen asesoramiento médico profesional.